CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Científicos del CONICET descubrieron fósiles de amonites de 135 millones de años con una estructura inédita preservada

El hallazgo se realizó en la Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza, y permitió identificar por primera vez la conservación de una delicada capa orgánica en la conchilla de estos antiguos organismos marinos.


Fósil de amonite de 135 millones de años. Foto: gentileza Maisa Tunik.
Fósil de amonite de 135 millones de años. Foto: gentileza Maisa Tunik.
Maisa Tunik en trabajo de campo. Foto: gentileza investigadora.
Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza. Foto: gentileza Maisa Tunik.
Fósiles en la Formación Vaca Muerta, en la provincia de Mendoza. Foto: gentileza Maisa Tunik.
Nanofósil calcáreo visualizado en el Microscopio Electrónico de Barrido. Foto: gentileza Martín Rogel.

Un equipo de investigadores e investigadoras del CONICET halló en la Formación Vaca Muerta, en la cuenca neuquina, provincia de Mendoza, fósiles de amonites de aproximadamente 135 millones de años. Lo más destacado del descubrimiento es que dos especies, Bochianites neocomiensis y Lissonia riveroi, aún conservaban el periostraco, la capa orgánica más externa de la conchilla de la mayoría de los moluscos, compuesta en organismos actuales por proteínas, polisacáridos y lípidos. El trabajo fue publicado en la revista internacional Communications Biology.

“Los fósiles fueron hallados por Beatriz Aguirre Urreta y Luciana Marín durante las tareas de campo realizadas para la tesis doctoral de Luciana. Como trabajo junto a Beatriz desde hace casi 30 años, me invitó a participar de la investigación para intentar comprender por qué estas capas orgánicas se habían conservado en estos ejemplares y no en otros, considerando que los amonites son muy comunes en la cuenca Neuquina”, explica Maisa Tunik, investigadora del CONICET en el Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología (IIPG, CONICET-UNRN).

La científica explica que los amonoideos fueron cefalópodos marinos extintos, grupo al que pertenecían los amonites, y que estaban emparentados de manera lejana con los actuales nautilos. Habitaron los océanos durante aproximadamente 400 millones de años, hasta desaparecer hace unos 66 millones de años, en la misma extinción masiva que acabó con los dinosaurios.

Los amonites -los fósiles identificados en este hallazgo- poseen una gran importancia científica debido a que evolucionaron rápidamente, tuvieron una amplia distribución geográfica y sus conchillas suelen preservarse con frecuencia. Estas características los convierten en excelentes fósiles guía, utilizados para datar estratos y correlacionar unidades geológicas entre distintas regiones. En el caso de la Formación Vaca Muerta, estos fósiles resultaron fundamentales para identificar y correlacionar rocas de la misma edad.

“Además, aportan información bioestratigráfica, ya que permiten determinar la edad relativa de las rocas. También brindan datos paleoambientales, paleobiogeográficos y tafonómicos, debido a que su morfología, distribución, estado de preservación y asociación con los sedimentos ayudan a reconstruir las condiciones del mar, la profundidad, los niveles de oxigenación y los procesos de enterramiento. En este caso particular, el hallazgo permitió estudiar una estructura orgánica de la conchilla que rara vez logra preservarse”, señala Maisa Tunik.

Importancia del estudio

La principal relevancia del hallazgo radica en la preservación del periostraco de estos amonoideos, un descubrimiento considerado inédito, ya que es la primera vez que esta estructura es documentada en este tipo de organismos, destaca la especialista. “El periostraco es una estructura extremadamente delgada, flexible y frágil, que hasta ahora no había sido descripta en amonoideos cretácicos. El estudio demuestra que incluso tejidos orgánicos muy delicados pueden conservarse durante 135 millones de años cuando las condiciones tafonómicas y diagenéticas son favorables”, explica.

Y agrega: “Además, el trabajo aporta nueva información sobre la morfología y la composición química del periostraco en amonoideos, y evidencia que esta estructura se mantuvo similar a lo largo de la evolución de los moluscos”.

La función principal de esta capa es iniciar la biomineralización de la conchilla, es decir, actuar como base para la precipitación de carbonato de calcio. Además, cumple un rol protector frente a la disolución y la abrasión de la parte mineral.

Dificultades encontradas a la hora de trabajar con las muestras

"La principal dificultad fue la extrema fragilidad del periostraco: se trata de una película extremadamente fina, mucho más delgada que un cabello humano, que se despega y deteriora rápidamente durante la manipulación", indica Martín Rogel, técnico del laboratorio del IIPG. Y continúa: "Esto nos obligó a ser muy cuidadosos, minimizando la intervención directa y seleccionando las superficies a analizar".

En el Instituto se aplicaron técnicas de estudio no destructivas, es decir, métodos que permiten analizar los fósiles sin dañarlos, como la microtomografía y la microscopía electrónica. Además, se trabajó con varios ejemplares y junto a equipos de distintas partes del país, lo que permitió confirmar las observaciones, algo fundamental al estudiar materiales tan delicados.

Gracias a estas técnicas fue posible observar en detalle la estructura del periostraco, identificar la presencia de minerales como la pirita dentro de las muestras y detectar diminutas marcas dejadas por nanofósiles calcáreos sobre su superficie.

Estudios futuros en amonoideos

“A partir de este trabajo podría cambiar la manera de estudiar este tipo de materiales, ya que demuestra que estructuras orgánicas extremadamente frágiles pueden conservarse bajo determinadas condiciones. Este hallazgo abre la posibilidad de buscar de forma sistemática biomateriales en otros amonoideos y ampliar el enfoque tradicional, que hasta ahora se centraba principalmente en la parte mineral de la conchilla. Además, permite avanzar hacia estudios bioquímicos y de ultraestructura que ayuden a comprender mejor la biología, la fisiología y la evolución de estos organismos”, concluye Rogel.

Referencia bibliográfica:

Aguirre-Urreta, B., Marin, L.S., Checa, A.G. et al. Organic periostracum preserved in Cretaceous ammonoids from the Andean Neuquén Basin. Commun Biol 9, 372 (2026).
DOI: https://doi.org/10.1038/s42003-026-09635-6

Por Nahuel Aldir – Área de Comunicación CONICET Patagonia Confluencia